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    Satélites muestran: los bosques europeos pierden desde 2018 mucha más biomasa

    Desde 2018, los bosques de Europa registran pérdidas de biomasa claramente mayores de lo que se había estimado hasta ahora. Así lo indican análisis recientes de datos de observación de la Tierra. No solo se ven afectados rodales debilitados o jóvenes, sino también masas antiguas hasta ahora estables. La disminución de la madera —en troncos, ramas y raíces— reduce la capacidad de absorción de CO2 de los bosques y puede volver a liberar a la atmósfera carbono previamente almacenado.

    Lo que muestran los datos

    Los análisis espacialmente consistentes apuntan a un nuevo patrón de pérdidas a gran escala desde 2018, que no puede explicarse únicamente por una gestión forestal habitual. En varias regiones se observan desde entonces daños con mayor frecuencia y magnitud, que se traducen en densidades de pie reducidas y copas más abiertas.

    Cómo mide la teledetección

    Los satélites modernos combinan mediciones radar, lidar y multiespectrales. A partir de esas señales es posible estimar la biomasa forestal a gran escala y compararla a lo largo de los años. La observación continua y de cobertura amplia permite detectar rápidamente tendencias y puntos críticos, independientemente de los ciclos de muestreo locales.

    Factores impulsores: sequía y plagas

    Periodos prolongados de sequía debilitan las defensas de los árboles. Insectos perjudiciales como el descortezador se benefician a la vez de inviernos más cálidos y secos y de estaciones vegetativas más largas. Con frecuencia las perturbaciones se superponen: la sequía favorece las infestaciones, los claros resultantes se secan aún más y se vuelven más vulnerables a la erosión y al cambio estructural. Esas cascadas llevan a daños no lineales: la suma de varios estresores es mayor que cada uno por separado.

    Por qué los bosques antiguos sufren más

    Las masas más viejas almacenan mucha biomasa, pero responden de forma sensible a la falta repentina de agua. Estructuras homogéneas y desarrolladas históricamente aumentan la vulnerabilidad cuando amplias superficies alcanzan edades elevadas al mismo tiempo. Agrava la situación la presencia de suelos poco profundos o localizaciones en las estribaciones montañosas, donde durante sequías prolongadas la humedad del suelo no es suficiente. La no intervención pura y dura no protege de forma fiable en todos los lugares bajo condiciones climáticas cambiantes.

    Consecuencias para el clima, la economía y la biodiversidad

    Con la reducción de la biomasa disminuye la absorción neta de carbono. A escala local, los bosques pueden convertirse temporalmente en fuente neta cuando la madera muerta se descompone. Para la industria maderera esto supone menores volúmenes de corta planificables y, al mismo tiempo, más madera dañada —una combinación que tensiona la calidad, la logística y la rentabilidad. Ecológicamente cambian la estructura, las condiciones de luz y la composición de especies: algunas se benefician a corto plazo del aumento de madera muerta, otras pierden hábitat; a largo plazo se corre el riesgo de perder comunidades forestales estables y ricas en especies.

    Qué hacer ahora

    La vigilancia por satélite funciona como sistema de alerta temprana y debe complementarse con inventarios y muestreos de campo dirigidos. Las estrategias de adaptación incluyen rodales mezclados con mayor heterogeneidad estructural, rejuvenecimiento con especies tolerantes al calor y la sequía y manejo del suelo para mejorar la retención de agua. Donde los daños son masivos, son necesarios intervenciones: repoblación adaptada al sitio, extracción selectiva de árboles enfermos y medidas eficaces, ecológicamente justificadas, contra las plagas. Paralelamente, el sector necesita cadenas de suministro flexibles y procedimientos para aprovechar la madera dañada que limiten los riesgos ecológicos.

    Ajustes políticos

    La observación continua desde el espacio combinada con inventarios locales crea la base de datos necesaria para fijar prioridades: ¿qué masas están crónicamente dañadas y dónde se requieren medidas urgentes? Ganan relevancia los instrumentos de apoyo a una gestión resiliente al clima, la diversificación de rodales y la financiación de medidas de adaptación. Los bosques de Europa siguen siendo actores centrales en la lucha climática; sin embargo, su papel como sumidero de carbono debe asegurarse activamente.