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Incendios y bosques

Subestimación de la degradación en bosques tropicales: lagunas en los balances de emisiones

Un estudio apoyado por la ESA muestra que los procesos de degradación en bosques tropicales están insuficientemente reflejados en muchos modelos e inventarios nacionales. Esto conduce a balances de emisiones sesgados y complica políticas climáticas efectivas.

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Bild: CO₂ und Emissionen · Climate-Academy.org · PHOTRA-Netzwerk · Climate-Academy.org Archiv

Un estudio apoyado por la Agencia Espacial Europea (ESA) muestra que las pérdidas y la recuperación de carbono en bosques tropicales suelen estar incompletamente representadas en los modelos de carbono habituales y en los inventarios nacionales. En particular, los procesos de degradación como la tala selectiva o los incendios subsuperficiales a menudo no se detectan —con consecuencias para los balances de emisiones y las decisiones políticas.

La degradación suele pasar desapercibida

Mientras que la deforestación total se registra con relativa precisión, la degradación progresiva evade en muchos casos la contabilización. Esto incluye daños a los árboles, tala parcial, combustión incompleta o una descomposición acelerada de la materia orgánica muerta. Para estas zonas intermedias faltan cifras sólidas en muchos países.

Emisiones retardadas complican el balance

A diferencia de la deforestación, que libera grandes cantidades de carbono de forma inmediata, la degradación provoca pérdidas parciales de biomasa y cambios estructurales. La descomposición de la madera muerta y de la hojarasca más fácilmente degradable libera carbono durante meses o décadas. Estas emisiones escalonadas en el tiempo se subestiman o no se consideran en numerosos modelos e informes.

Por qué los inventarios nacionales tienen lagunas

Aunque las directrices internacionales contemplan la detección de la degradación, muchos países reportan principalmente la pérdida de superficie por deforestación. Las razones son barreras técnicas, capacidades limitadas y la difícil detección de daños pequeños y dispersos con la teledetección convencional. Se suma la incertidumbre al convertir cambios observados en la vegetación en flujos de carbono, porque la dinámica del suelo y de la madera muerta varía mucho según el lugar y el tipo de perturbación.

La observación de la Tierra como clave

Los datos satelitales permiten balances de CO2 más precisos si se usan como series temporales y con información estructural. Los sensores ópticos identifican clareos, mientras que los radares en banda L (SAR) y el LiDAR “ven” la copa y detectan cambios en la estructura vertical. Así es posible identificar mejor la tala selectiva y la pérdida parcial de árboles. Es crucial disponer de repeticiones regulares a lo largo de los años para distinguir degradación de regeneración.

Impacto en políticas y mercados

La falta de contabilización completa de la degradación distorsiona los balances nacionales de emisiones y las evaluaciones internacionales. Los países que no informan esas pérdidas pueden parecer más climáticamente favorables de lo que son. Esto afecta la asignación de incentivos en programas como REDD+ y lleva a una subestimación global de las emisiones procedentes de bosques tropicales —con implicaciones para la evaluación del presupuesto restante para los objetivos de temperatura.

Recomendaciones del estudio

Se reclama una integración más estrecha entre productos de teledetección y modelos de procesos. Son necesarios pools de carbono bien definidos (biomasa viva, madera muerta, hojarasca, suelo) y dinámicas temporales realistas tras las perturbaciones. Los inventarios nacionales requieren métodos prácticos para detectar la degradación y estándares armonizados para monitoreo, reporte y verificación (MRV). También son imprescindibles mediciones de campo a largo plazo para calibrar y validar las estimaciones satelitales, por ejemplo mediante parcelas permanentes, redes de medición y torres de flujo.

Inversiones y fortalecimiento de capacidades

Informes fiables demandan inversiones en tecnología e instituciones: acceso a datos satelitales de alta resolución y frecuencia, creación de infraestructuras nacionales de datos y programas de formación para equipos locales de monitoreo. El mayor valor proviene de la fusión de datos ópticos, de radar y LiDAR, porque combinan distintos aspectos de la biomasa forestal y sus cambios.

Redacción de Climate Academy · Artículo creado con apoyo de IA
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ESA Top News

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