El Niño se asocia principalmente con temperaturas de la superficie del mar por encima de lo normal en el Pacífico tropical oriental. Sin embargo, los investigadores están prestando cada vez más atención a otra señal, menos visible a simple vista: el contenido de sal de la superficie marina. Análisis de la misión europea SMOS muestran cómo los patrones de agua dulce y salada se desplazan por el Pacífico cuando las condiciones propias de El Niño empiezan a formarse.
Sal, no solo temperatura
Hasta ahora, las mediciones de temperatura han dominado la detección temprana: los satélites observan a gran escala el calentamiento superficial, y las boyas Argo proporcionan perfiles en profundidad. La salinidad complementa esa imagen. La lluvia y la evaporación modifican la concentración de sal en la capa superior del océano —y con ello la densidad y la estratificación. Una superficie más fresca y menos salina estabiliza la columna de agua, reduce la mezcla con aguas frías profundas y favorece un calentamiento más rápido de la superficie.
Cómo mide SMOS
SMOS (Soil Moisture and Ocean Salinity) emplea un radiómetro pasivo de banda L que capta débiles señales de microondas procedentes de la superficie marina. A partir de la brillantez de esas señales —tras numerosas correcciones— se deriva la salinidad. Como las señales de banda L atraviesan las nubes, SMOS proporciona datos casi en tiempo real durante todo el año. La resolución es adecuada para patrones a gran escala en el Pacífico tropical; los procesos costeros muy a pequeña escala siguen siendo difíciles de resolver.
Por qué la salinidad puede ofrecer indicios tempranos
Los cambios en la distribución de las precipitaciones sobre el Pacífico suelen ocurrir antes de que aparezcan anomalías térmicas marcadas. Las lluvias intensas en el Pacífico central generan una fina capa superficial más dulce. Estas anomalías estabilizan la estratificación, concentrando el calor en una capa más superficial —un efecto de preacondicionamiento: la estratificación inducida por la menor salinidad reduce las pérdidas por mezcla y facilita el desarrollo posterior del calentamiento. Al mismo tiempo, los patrones de salinidad reflejan desplazamientos de masas de agua y corrientes: el agua menos salada puede ser transportada por corrientes superficiales y así marcar señales espaciales tempranas, antes de que la temperatura del mar cambie de forma apreciable.
Utilidad para predicciones y preparación
Detectar indicios con antelación amplía el horizonte de respuesta para medidas de adaptación. El Niño altera de forma global los patrones de precipitación y temperatura: episodios de lluvias intensas en partes del sur de Estados Unidos y Sudamérica suelen coincidir con condiciones más secas en Australia, Indonesia y regiones del sudeste asiático. La agricultura, la gestión del agua y la protección civil se benefician cuando los modelos oceánicos y meteorológicos reciben datos adicionales y fiables. Incorporar mediciones satelitales de salinidad puede complementar las predicciones sobre el momento y la intensidad de El Niño y posibilitar alertas más localizadas.
Límites y preguntas abiertas
Los datos satelitales de salinidad conllevan incertidumbres: el oleaje, las condiciones del mar y la temperatura superficial influyen en la señal. Las precipitaciones intensas generan capas superficiales muy finas y extremadamente dulces que pueden ser sobreestimadas por los satélites. Es difícil representar desembocaduras fluviales próximas a la costa y regiones con alta actividad de remolinos. Además, los modelos requieren cuidadosas correcciones de sesgo antes de que los campos de salinidad sean asimilables de forma fiable. Tampoco está claro cuán universales son los indicadores basados en salinidad: algunos episodios de El Niño se originan a partir de condiciones previas distintas. Por ello, los datos de salinidad amplían la cadena de observación, pero no reemplazan a variables clásicas como la temperatura del océano y los campos de viento.
Observación más amplia
SMOS forma parte de una creciente constelación de observación. En combinación con perfiles Argo, datos satelitales de temperatura superficial del mar y mediciones atmosféricas se construye una imagen más completa de los procesos precursores de El Niño. Investigaciones en curso buscan comprender mejor esos procesos y ampliar los modelos para reproducir de forma realista los cambios en la estratificación provocados por la salinidad. La integración de distintos conjuntos de datos promete predicciones más robustas y tempranas —y, con ello, más tiempo para la adaptación en las regiones más afectadas.
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